El primer emprendimiento que tuve fue justo después de la crisis de 2001. Si tuviera que elegir una imagen, es la del departamento de mis padres transformado en fábrica y depósito. Mi recuerdo es de harina volando por el aire, mucho cansancio y mucha energía positiva.
Si miro para atrás todo lo que viví, es tan parecido a lo que vivimos y viven muchos emprendedores que me obliga a pensar por qué en Argentina emprender es remar en dulce de leche.
«Argentina no es un país, es una trampa», le dice el padre a Martín en Martín (Hache).
No comparto el final de esa frase, la parte donde la trampa es creer que se puede cambiar algo. Pero la primera mitad la firmo.
Y no digo que en otros países sea fácil, pero hay una realidad concreta: acá es más difícil. Se montó una máquina de impedir, un proceso kafkiano de pasos infinitos para quizás no llegar a ningún destino y que todo el esfuerzo quede en un limbo. Puedo dar fe porque lo tengo marcado en la piel: juicios laborales, intentos de takeovers agresivos, huecos de caja, cheques sin fondos que complican la operatoria, la calesita de minicrisis infinitas del país, el estrés continuo.
En La colonia penitenciaria, de Kafka, un oficial describe un aparato de ejecución que escribe la ley violada directamente en la espalda del condenado, con un complejo sistema de agujas, hasta que muere. Así se siente a veces el sistema acá: como una burocracia que te graba el castigo en el cuerpo mientras tratás de crear algo nuevo.
Después de emprender puede quedarte algo que no tiene nombre comercial y que van a pensar que exagero: el estrés de la pérdida y la persecución financiera se graba en el cuerpo, y transforma el sueño de crear en un estado de supervivencia física y mental.
No quiero llorar un tango. En cambio, lo que hice fue tratar de entender.
Está claro que hay outliers, los Mercado Libre de esta vida. Los que llegan, los que lo logran. Que son un faro. Un horizonte.
Lo que me disparó este texto fue un artículo breve pero necesario de Juan Carlos de Pablo en La Nación sobre la teoría del derrame, y me quedo con este párrafo:
Más que ocuparnos de incentivar el derrame, deberíamos ocuparnos de dejar de complicarles la vida a los emprendedores para que destinen sus energías a fabricar bienes que los demandantes compren voluntariamente y no forzados por regulaciones, prohibiciones, etc. Si quiere deslumbrar a sus parientes y amigos con nomenclatura técnica, se trata de pasar de la ofertocracia a la demandocracia.
Simple y profundo.
Me interesó revisar qué es esta teoría y sus derivaciones prácticas. En corto, y seguramente un economista lo podrá explicar mil veces mejor: el derrame automático no tiene respaldo empírico fuerte. El FMI, estudiando 159 economías, y un trabajo sobre cincuenta años de reformas impositivas en dieciocho países de la OCDE llegan a lo mismo. Los recortes concentrados en los ingresos más altos no muestran efecto significativo sobre la inversión ni sobre el crecimiento, y sí sobre la desigualdad.
Mi lectura, que es una inferencia y no un dato: cuando no hay expectativa firme de demanda ni estabilidad macro, el excedente tiende a quedarse en activos financieros antes que convertirse en inversión fija. Que es otra forma de decir lo de De Pablo. Dejen de complicarles la vida a los emprendedores. Es la mejor receta.
Volviendo a las conversaciones comunes. Lo escuchás tantas veces: «emprendé». Y de repente estás en un laberinto sin salida.
Hagamos el ejercicio práctico. «Tengo unos ahorros. No voy a meterme con acciones ni con obligaciones negociables. Pongo un café.»
¿Y cómo lo financio? Para mí es una pregunta que se hace muchísima gente.
Nunca fue tan fácil abrir ese café. Y nunca hubo tan poco con qué sostenerlo. Somos un país emprendedor: no es que la gente no abra cafés, distribuidoras o restaurantes. Es que abre con ahorros y sin nada que banque los huecos de caja, los impuestos y los interminables juicios laborales.
Lo que mejoró
- Constituir una sociedad. En 2002, de 65 a 90 días hábiles y entre USD 1.200 y 2.000, más del 20% del ingreso per cápita. Hoy, de 24 a 72 horas y menos de USD 100 (RG IGJ 15/2024, vigente desde el 01/11/2024).
- Cobrar en 2002. Dieciséis cuasimonedas con descuentos de paridad del 5% al 25%. POS cautivo de dos consorcios, comisión en el tope de la Ley 25.065 y acreditación a 20 o 30 días hábiles, con 40,9% de inflación anual (INDEC).
- Cobrar hoy. 115,6 millones de pagos por QR en julio de 2026, un 72,4% más que un año antes (BCRA, Informe Mensual de Pagos Minoristas).
- El ecommerce. Menos del 0,3% del comercio minorista en 2001-2003. Entre 15% y 18% de las ventas minoristas en 2025 (CACE).
Lo que no mejoró, y es lo que decide
El crédito al sector privado sobre PBI estuvo veintidós años entre 10,8% y 16,0%, de 2003 a 2024, sin tendencia. Nunca volvió al 23,9% del año 2000.
En 2025 llegó a 17,6%, el máximo desde 2001. Se está moviendo por primera vez, y hay que decirlo antes de que te lo digan.
Pero la foto de 2025 es esta: Chile 102,1%. Brasil 75,1%. México 35,5%. Argentina 17,6% (Banco Mundial, crédito al sector privado sobre PBI).
Fundé Los García en 2002, cuando el crédito representaba el 15,33% del PBI y caía hacia el piso de un cuarto de siglo: 9,68% en 2004. Hoy es 17,6%. En Chile, el 102%.
El crédito importa porque permite invertir antes de haber acumulado todo el dinero necesario. Un negocio suele tener que pagar antes de cobrar: compra mercadería, equipa un local, contrata gente, y recién después genera ventas. Incluso una empresa rentable puede quedarse sin caja mientras crece. Es lo más común del mundo.
En resumen, el crédito permite financiar huecos, aumentar capacidad, aprovechar oportunidades y ampliar quién puede emprender: depender menos de las posibilidades previas del fundador, aunque las exigencias de garantías tienden a mantener esa barrera igual.
Y acá está el punto que me importa, porque se discute mal. El problema argentino no es cuánto cuesta el crédito. Es que no hay.
Diecisiete puntos del PBI contra ciento dos. No es que te cobren caro: es que no te prestan. Y cuando te prestan, te lo prestan contra lo que ya tenés, no contra lo que estás haciendo.
(Y ni siquiera entremos en el capítulo de los créditos hipotecarios, donde, como en la Edad Media, la gente va con dólar billete a comprar en vez de poner ese dinero al servicio del crecimiento de la economía. No lo hace porque no hay cultura de crédito hipotecario ni condiciones de largo plazo sólidas.)
Hay un dato que me parece el más incómodo de todos, y casi nadie lo mira.
En 2013 había 610.000 empresas con empleados en Argentina. En 2022 había 565.000 (OEDE, Ministerio de Trabajo).
Nunca fue tan fácil abrir. Y hay cuarenta y cinco mil empresas con gente adentro menos que hace una década.
No es que no se abran. Se abren todo el tiempo. Es que bajaron todas las barreras para entrar y no bajó ninguna para quedarse.
Un paréntesis, porque si no parece que todo es un desastre. El capital de riesgo sí mejoró, y mucho: de USD 74 millones en 2023 a USD 412 millones en 2024 (ARCAP/EY).
Pero en 2023 fueron 51 operaciones. Cincuenta y una. Contra 565.000 empresas con empleados.
No es que el dato esté mal. Es que es de otra película. El capital de riesgo llega a una de cada diez mil, y no financia cafés.
¿Estamos yendo en la dirección de arreglar esto de forma masiva, urgente, acelerada? No lo sé. Lo que sé es que la cultura te pasa por arriba, y venimos de una idiosincrasia y caminamos hacia otra. Pero si queremos que muchas más personas construyan desde cero y pongan microempresas, pymes y emprendimientos en la cantidad que necesitamos para despegar: dejen de complicarles la vida a los emprendedores. En todos los estamentos posibles. Financiero, burocrático, laboral.
Mientras tanto, lo único que sí podés decidir
Si el crédito no te va a bancar el hueco, entonces el hueco deja de ser un tema contable y pasa a ser el criterio principal para elegir el negocio. No el rubro. No el margen. El calendario.
La pregunta no es «¿en qué invierto?». Es: ¿cuántos días pasan entre que pago y que cobro, y quién los financia?
Con los mismos ahorros:
- Un café cobra en el mostrador y le paga al proveedor a treinta días. El hueco juega a favor: el proveedor te financia sin que se lo pidas.
- Un bazar paga el stock por adelantado y cobra recién cuando rota. El hueco te lo comés vos, y la mercadería quieta arriba de la estantería es tu plata quieta.
- Un catering para empresas paga sueldos y mercadería antes del evento, y factura a sesenta días. Lo pagás dos veces.
Los García tuvo esas tres cosas a la vez, y una cuarta con su propio calendario. Cuatro líneas de negocio adentro de la misma empresa, cuatro relojes distintos.
Aprendí la diferencia de la peor manera: mirando el margen y no mirando el calendario.
En un país sin crédito, el que elige mal el ciclo de caja se funde vendiendo bien.
Una honestidad antes de cerrar
Construí cinco veces desde cero, pero no cinco veces lo mismo. Gastronomía, retail de cerveza, delivery, fintech. Cada una con una intensidad de capital distinta y con estructuras muy diferentes detrás.
Así que una parte de esto que llamo «cada vez es más fácil empezar» puede ser, simplemente, que cambié de rubro. No puedo separar del todo las dos cosas y no voy a fingir que sí.
Lo que sí sé es que el crédito era casi el mismo número todas las veces.
Para cerrar
Cuando le preguntás a alguien que emprendió cómo sorteó cada traba, casi siempre la respuesta es un atajo. Yo los usé todos. Son técnicas de supervivencia, no de construcción a mediano y largo plazo.
Lo que va a hacer que un país tenga muchas más pymes no son mejores atajos. Es la confianza, y reglas claras y sostenidas. Eso baja el costo de todo y es la garantía de quien no tiene garantías.
En el crédito, el banco te pide dos balances y un inmueble porque no te conoce. Del lado del emprendedor, se puede construir eso que el banco no ve. Del lado del sistema, falta que alguien lo lea: que se preste mirando cómo vende un negocio y no solo qué tiene para hipotecar. Esa es la diferencia entre financiar a quien ya tiene y financiar a quien está haciendo.
En los impuestos, arreglar la trampa silenciosa de un Estado que es socio solo en las buenas y, en las malas, enemigo íntimo. En lo laboral, reglas simples y previsibles para los dos lados.
Ninguna de estas cosas es rápida. Todas son necesarias.
Publicado originalmente en LinkedIn, septiembre de 2026 · Conversemos en LinkedIn →
