Ora Pro Nobis

Ilustración en tinta y aguada: dos ancianos de espaldas caminan de la mano entre álamos, pinos y una magnolia

Carta de un adiós apócrifo

Cuando las arrugas de mis manos me recuerden la inclemencia del tiempo
el olmo en todo su esplendor dará sombra a mis recuerdos.
Las historias se van a acumular y a repetir en el silencio…
Y quiero que mi quebrada voz sea testimonio de mi tristeza
de una despedida que no fue posible, un duelo y una daga rastrera…

Elevo los ojos, una plegaria, medito por sabiduría
medito las sombras y el barro del oscuro al que nos arrojaron
no olvido: se santifican, tiran agua bendita, pero escupen ira
se dicen santos, santas, disparando pecados capitales.
cumplieron el ritual y el sacrificio, ceguera de la ignorancia.

Dos ancianos caminan entre los árboles que plantaron
van de la mano, rezando a su Dios en latín
y entre llantos de angustia sepia, los niños los siguen entre risas
el tren, un frío invierno, los primos, los amigos, la pausa
las charlas, el amor, el transitar de la vida. Un refugio.

No sé si existe el perdón si los corazones sangran. Y sangran de pena.
las palabras exorcizan el dolor, construyen un memorial
son un mojón, una piedra del indio, una poesía rota
que llora galopando entre un arroyo de recuerdos, nutrias, gaviotas
miro mis manos arrugadas, mis manos de niño, mis manos de padre.

Ustedes no estarán cuando mis ojos acechen el ocaso
estarán los cuadros, colgados en paredes desconocidas y serán iconos
estarán estas palabras explicando los laberintos del espíritu
seguirán floreciendo las magnolias que admiran las sierras en el horizonte
seguirán los álamos meciéndose con los pinos en el santuario que hicimos oratorio

Recorro los pasillos, populosos en fotos de felicidad, recorro los olores
me pregunto si se olvidaron todo lo que nos enseñaron invisiblemente
todo pasa al mismo tiempo, su niñez, la mía, la de mis hijos, y me pregunto
cuando tiraban palabras, piedras, teclas mojadas de daño y dolor
¿pensaban que este mantra negro era un paso burocrático, un trámite más?

¿Drama? No… drama es gritar, amenazar, amedrentar
esto es tallar un adiós desde las entrañas, desde el tálamo hasta los pies
memoria viva y encarnada, porque en cada rincón está mi vida
están mis perros enterrados, los que confundieron con estatuas o cocodrilos
están mis lágrimas, están los ecos de las gotas del dolor ancestral que regurgito

Escucho el viento de la tormenta, en el galpón persisten las pinceladas
una bandita de niños, como travesura, cantan canciones de cancha
el hombre del pincel se para, grita, pero sonríe desde el más allá
¿quiénes miran este pequeño microcosmos desde las estrellas?
este lugar olvidado, este anaquel de relatos familiares

Absorbo el humo de la nostalgia, respiro, vuelvo al cielo.
allá, en ese rincón, jugábamos a las escondidas, ¿te acordás?
en esa contracurva, donde un puente teclea el polvo, están nuestras cañas de pescar
lo veo, está ahí, Arévalo regando bajo la lluvia, tirándole un caño a lo razonable
ya sé, el mundo es insensible, ya sé, esto va a pasar, ya lo sé…

Frey Guen, la Reserva, el Charito, las tropillas, las ovejas
el frenesí para salir corriendo a la playa, la Eufemia, San José
la costurera, Espadari, el Turco, el partido que jugamos contra Mechongue
les puedo dar un millón de razones para que se les piante una lágrima
200 años después, cerrar la puerta así… el exilio

En los años que todo era posible, volvíamos cubiertos de polvo de la playa
rebosantes de futuro caminábamos por la orilla de los acantilados
¡parece otra vida! pero es esta, la vida de los partidos en Centinela,
los asados, los amores, las peleas, las reconciliaciones…
la vez que nos fuimos de cabalgata a Mar del Sud, el día de verano Mark Speed nos abandonó

Me interrogo sin entender cómo habiendo vivido tanta generosidad
amanecieron torres de egoísmo y por qué estamos cosechando veneno
ahí estamos, “tomando” un copetín en San José de la mano de Tata
años después, él de nuestra mano…
veo mis manos curtidas, sostenidas por otras manos, veo que me esperan con una sonrisa
…cuando cierre los ojos para vivir en el universo, ¿soñaré con la galería?

Estos años fueron de despedida, de una agonía lenta, de adultos adolescentes
de gestos adustos, de recriminaciones, de reglas, de incomprensión del otro.
Una batalla sonoramente fría, de prioridades desaliñadas, de falsedades, de chismes.
Y desde un silencio sepulcral se anuló la posibilidad de un otro
con el que tantas veces compartimos una sonrisa.

Lo escuché tantas veces, “en mi cabeza tengo 20 años”… dijo la mujer de 80, la de 90, la de 100
ya despeinado del trajín del cuerpo, reencontrándome en mi refugio con el presente eterno
espero, suplico, haber olvidado… la tragedia de un final apócrifo.
Porque en el café sanador, hablamos de lo que no tenía que pasar, pero pasó,
Hablamos de un pasado que volvió de la ultratumba con sus demonios.

Llegan en ráfagas los vientos de cambio, el sutil viento de primavera que todo lo puede
y mientras por horas lloro desconsoladamente… solo, mirando mis plantas.
ustedes están en el colegio, y yo imaginándome cómo contarles algo que les va a romper el alma.

¡Recuerden! Podemos no estar ahí en cuerpo, pero vamos a seguir sintiéndolo,

Apiladas, están las imágenes de nuestra existencia…
corriendo carreras de caballos, o enseñándole a nuestros hijos a andar,
en los brazos de Tata, de Malen
o abrazando de niños a mamá y a papá porque nos caímos y nos golpeamos
el Renault 18, un picnic en la ruta 29, la música de Aznavour y Julio Iglesias
todo pasa al mismo tiempo…
cuando se apagaba el botón del motor y leíamos con velas
cuando volvíamos galopando con el sol cayendo, el olor a gasoil y los gritos nos obligaban a bañarnos
cuando nos tirábamos de un caballo a otro en la laguna
cuando nos dejaban todo el verano y inventábamos pozos
están ahí las fotos del día que nos trepamos al tanque a bucear
el febrero que nos agarró un ataque de risa con el pincel y Malen
los partidos de tenis, los picados con Rubén promesa
Arévalo, Ricardito, Ester…
El jamón crudo en San José, el día que alguien chocó un caballo con el Falcon
la cantidad de ataques de risa escondidos en los pliegues de nuestras canas.

Perdurarán.
Las mil historias que tienen mis hijos con sus primos.

Las mil y una noches.

Sea cual sea su Dios, Ora pro nobis.


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