Las hojas de las estrelitzias duermen como hace millones de años
en su bella abundancia decoran la entrada a mi templo.
Allí respiro con el universo, y libro mis batallas de existencia.
Río, lloro, medito, existo fugaz pero buscando la plenitud.
Sombras saltan el cerco energético
caras tristes, caras de odio, caras carentes
portan estandartes violentos, risas forzadas, drogas
portan el vacío de esperanza.
Bajo los astros, olvidados por el exceso de neón
observan incapaces de mover un grano de arena ancestros
ruedan lágrimas negras… los ecos del teatro confunden;
el corazón que asaltó el templo adora falsos dioses
Secuestran cosas que son polvo
y se encadenan a un ancla que se hunde en el mar…
Soñaba sin darme cuenta que el mal rodaba bajo la luna
al despertar, inconsciente todavía de las heridas
entendí el hecho y una daga cargada de veneno
ebullició largamente la bronca, el desencanto.
El día prístino, el sol radiante, el aire suave
mitigando esa ola de destellos oscuros.
En esta tierra agraciada por tantos dones
se libra un duelo repetido por voces de antaño
el bien y el mal definiendo en elipsis
y
los agoreros, los farsantes, los escribas del oportunismo
los ignorantes del movimiento de las estrellas
contorsionan sus lenguas filosas para apañar
el agujero negro que busca absorbernos como una parca
Las cosas son cosas.
Las sombras son sombras.
La luz es luz.
Mis hijos vieron la falta.
Yo vi dos lágrimas.
Las que rodaron por sus mejillas
Las que apagaron su inocencia.
La noche siguiente aparecieron los monstruos,
los fantasmas de las caras sin cara que asaltaron nuestros sueños
perseverando en el miedo
y no, como se persignaran los falsos profetas
a las cosas que se esfuman en el viento.
Nos persigue el mal que busca arrastrarnos.
Abstraído en mis pensamientos, me quema ese sentimiento
la toxina potente del huracán malevo.
Pienso en el equilibrio. En el yin y el yang que todos llevamos dentro
Recito: A pesar de todo, un haz de luz ilumina el corazón de los oscuros…
pero qué difícil es vivir en esa sabiduría, en esa pausa
y más, tener las palabras justas para cultivarlas en los niños.
Centro mi mirada en las plantas.
Veo el ginkgo, el árbol que sobrevivió al horror
sus hojas verdes mutarán al amarillo del sol
el ciclo de la vida danza en mis ojos
Respiro, miro el cielo, el baile de la vida.
Antídoto.
Sueño que podemos cambiar.
Añoro verlo.
…
Que la prosperidad abrace a todos.
